
ORACION / CONSTANCIA EN
Paquita era un encanto de niña. Muy pocos años tenía aún cuando su madre fue llevada a Fontilles, pues había sido presa de esa enfermedad tan terrible que es la lepra. Más tarde, la propia niña fue a juntarse con su madre, víctima de la misma enfermedad.
Los padres jesuitas decían a la niña, que era muy devota, que rogara mucho a Jesús por la salud de su mamá, la cual empeoraba cada día.
Un día la encontró un padre sentada en la capilla y le preguntó:
– ¿Que haces, Paquita?
– Digo a Jesús el cuento de la liebre y la tortuga. Creo que se lo sabrá de memoria, pues se lo he contado muchas veces.
– Ruega mucho a Jesús para que mamá se ponga buena.
– Ya lo hago, padre.
Y, en verdad, Paquita lo hacía. Su madre, con todo, empeoraba cada vez más, hasta llegar a lo más grave y repugnante de la enfermedad. Pero Paquita había agradado a Jesús en su modo de orar, y sus cuentos le valieron la salud de su madre. Poco a poco e inexplicablemente, comenzaron a mejorar las dos y al poco tiempo pudieron volver a vivir con su familia.